¡La democracia está muerta, larga vida a la democracia!

De un tiempo a esta parte, ha ido creciendo la concienciación pública sobre el estado de la democracia moderna en nuestra sociedad. Parece que los políticos han actuado impulsados por objetivos limitados por mandates de 5 años, pero sin enfrentarse a la raíz del problema.

La responsabilidad y la representatividad, dos de los valores centrales de cualquier democracia, parecen estar siendo paulatinamente olvidados (relegados) por la clase política, quienes en cambio están reproduciendo un patrón de estancamiento de la administración. Ha crecido la frustración y apatía de los votantes, realidad que se traduce en el aumento de los votos en bflanco o de la abstención electoral. Hemos perdido la fe en la democracia.

Pero no seamos pesimistas. Podemos encontrar una serie de remedios dentro de la propia estructura democrática; un campo potencial, aún sin explotar, hacia el que debemos dirigir todos nuestros esfuerzos. En este respecto, el gran avance de la última década ha sido el desarrollo de Internet y la tecnología software. Desde los taxis hasta la la comida para llevar, muchas partes de nuestra vida han sido “uberizadas” (“uberised”). No obstante, uno de los componentes básicos de nuestra sociedad se ha resistido al cambio: la esfera política. En respuesta a este espacio vacío, el movimiento de las civictech (tecnologías ciudadanas) ha ido ganando terreno.

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